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jueves, 1 de noviembre de 2007

Autoengaños

A veces como por casualidad, vienen fogonazos a la memoria que relacionan lejanas lecturas.

¿Dónde había visto esto?
¿No se le había ocurrido a alguien ya?
Eso me suena ...

Frases que seguramente todos podríamos decir.
En uno de esos breves insight al hilo de la entrada anterior y relacionado también con la conferencia sobre divulgación científica y las palabras del Sr. Erik Stengler Larrea, he recordado dos textos de archiconocidos divulgadores en los que ambos reflejaban la necesidad de conocimiento y la fascinación por lo desconocido en dos personas cuyo equivocado camino ha desembocado en las garras de la superstición.


Isaac Asimov, en uno de sus relatos que no consigo recordar - ¿alguna ayuda? - :

Un taxista se pelea con alguien que insiste en dotar de alas a los ángeles porque, como muy bien sabemos, ellos como nosotros, poseen cuatro extremidades y no pretendería nadie comparar con humildes artrópodos a los inefables ángeles.

Carl Sagan en 'El mundo y sus demonios' relata la siguiente anécdota :

'...Amablemente los organizadores me habían enviado un chófer.
-¿Le molesta que le haga una pregunta?[...]
Y nos pusimos a hablar. Pero no de ciencia.
Él quería hablar de los extraterrestres congelados que languidecían en una base de las fuerzas aéreas cerca de San Antonio, de 'canalización' (una manera de oír lo que hay en la mente de los muertos ... que no es mucho, por lo visto), de cristales, de las profecías de Nostradamus, de astrología, del sudario de Turín ... Presentaba cada uno de estos portentosos temas con un entusiasmo lleno de optimismo.
Yo me veía obligado a decepcionarle cada vez.

- La prueba es insostenible - le repetía una y otra vez. Hay una explicación mucho más sencilla.
[...] Mientras viajábamos bajo la lluvia me di cuenta de que el hombre estaba cada vez más taciturno. Con lo que yo le decía no sólo descartaba una doctrina falsa, sino que eliminaba una faceta preciosa de su vida anterior.
Y, sin embargo, hay tantas cosas en la ciencia real, igualmente excitantes y más misteriosas, que presentan un desafío intelectual mayor... además de estar mucho más cerca de la verdad.'

En cierta medida muchos de los que están fascinados por las pseudociencias tienen ese sentido de la maravilla atrofiado por 'explicaciones' que no son tales. Podrían ser ganados muy bien para la causa de las explicaciones racionales.

Recomendaría este libro a todos los que necesiten sacudirse de ese invisible yugo de superstición y para ello nada mejor que la fascinación por lo real, por el hermoso mundo en que vivimos, reflejado de manera sublime en esta preciosa anécdota sobre el físico Hans bethe.
La podemos encontrar, por ejemplo, en el excelente blog de ciencia, cpi :

Bethe encontró dos mecanismos, la cadena protón-protón y el ciclo CNO (Carbono - Nitrógeno - Oxígeno), que explicaban a la perfección no sólo por qué el Sol brilla tanto y durante tanto tiempo, sino también la abundancia relativa de elementos químicos en el Universo.
Al salir del laboratorio el día que había encontrado este mecanismo, feliz como sólo un científico que sabe que ha descubierto algo grande puede estarlo, quedó con su novia. Al pasear por la noche, la novia le dijo que las estrellas estaban realmente preciosas esa noche. Hans Bethe la miró y le dijo -"Sí, son hermosas, pero en estos momentos soy la única persona en el mundo que sabe por qué brillan"-. La novia le miró, sonrió, no dijo nada, volvió a mirar las estrellas y siguió paseando.

Y si aún no pueden sacudirse la tristeza por haber perdido el tiempo - y el dinero - con semejantes tonterías, no lo duden, elijan el buen humor de Asimov para desquitarse .

2 comentarios:

pseudópodo dijo...

Pues yo tenía idea de que el comentario era
de Eddington, en lugar de Bethe.

wraitlito dijo...

Yo estoy casi convencido de que fue Bethe, pero si encuentro una referencia más fiable te la paso.
P.D. : como escribes 'por series' se hace difícil un comentario acertado a la entrada reseñada, ya lo intentaré.
Saludos.