Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta Heinlein. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Heinlein. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de febrero de 2012

Vida y muerte de un aficionado a la ciencia ficción

Eran tres cajas repletas de libros.
Libros de ciencia ficción de los setenta, ochenta y noventa.
Los autores más modernos de entre ellos Neal Stephenson y Greg Bear. Otros clásicos como Heinlein, Silverger, Ursula K Leghin, Isaac Asimov, Stanislav Lem. Muchas antologías y editoriales como Nova, Bruguera, El Alamut (en esta no me hagan mucho caso) y otras de las que no había oído hablar jamás y no recuerdo.
¿De dónde salían estos viejos lomos aún por colocar en los estantes de mi librería de segunda mano favorita? Preguntado el dueño, me dijo que provenían de los herederos de alguien que acababa de morir.
Cuando me alejaba de la librería, con cuatro títulos de los más de ochenta que contenían las cajas, me puso triste y melancólico pensar que ese era un futuro posible para mis libros.
 Esparcirse como átomos dispersos en un desordenado universo donde nadie vela por ellos o los aprecia por su valor, no ya intelectual sino sentimental.

Cuando llegaba al coche, con el agradable peso de los libros en bolsas de plástico ajadas y el sabor del barraquito  -indispensable para matar el frío mientras se ojean las capturas-  disipándose en mis papilas, casi sin notarlo, me llegó el consuelo.

Quizá, dentro de muchos años espero, otro  cargue por las calles el peso de mis libros para depositarlos con amor en sus estanterías.


viernes, 18 de septiembre de 2009

Vaya reunión

Estoy leyendo el besteller de Malcolm Gladwell 'La clave del éxito', un libro entretenido y lleno de anécdotas curiosas.
En una vuelta de tuerca sobre los 'seis grados de separación' parece que existen personas a los que llama 'conectores' cuyo don de gente y forma de vida induce nodos donde llegan muchos extremos de la cadena de 'gente que conoce a gente que conoce...' .

Uno de estos conectores, la Sra. Weisberg favoreció una reunión a la que muchos de hubiésemos asistido, aunque fuese para servir los cafés.

'Una vez Weisberg cogió el tren con destino a Nueva York para asistir, llevada por un impulso, a la convención de escritores de ciencia ficción, donde conoció a un joven escritor llamado Arthur C. Clarke. Weisberg le cayó muy bien, y la siguiente vez que pasó por Chicago la llamó "Me llamaba desde una cabina - recuerda Weisberg-.Me dijo"¿Hay alguien en Chicago a quien debiera ver?" Y yo le dije que viniera a mi casa"
[...]Llamé a Bob Hughes , que era una de esas personas que escribía para mi periódico. Le dije : "¿Conoces a alguien en Chicago que tenga interés para Arthur Clarke?"
Y me contestó :" Sí, mujer. Isaac Asimov está por aquí estos días. Y también este otro ... Robert ... Robert Heinlein." Así pues vinieron todos a mi estudio: Después de aquello me llamaron y me dijeron : "Lois..." bueno, no me acuerdo de la palabra que me dijeron. Me habían puesto una especie de apodo.
Algo que tenía que ver con ser el tipo de persona capaz de conectar a otros entre sí" '