Eran tres cajas repletas de libros.
Libros de ciencia ficción de los setenta, ochenta y noventa.
Los autores más modernos de entre ellos Neal Stephenson y Greg Bear. Otros clásicos como Heinlein, Silverger, Ursula K Leghin, Isaac Asimov, Stanislav Lem. Muchas antologías y editoriales como Nova, Bruguera, El Alamut (en esta no me hagan mucho caso) y otras de las que no había oído hablar jamás y no recuerdo.
¿De dónde salían estos viejos lomos aún por colocar en los estantes de mi librería de segunda mano favorita? Preguntado el dueño, me dijo que provenían de los herederos de alguien que acababa de morir.
Cuando me alejaba de la librería, con cuatro títulos de los más de ochenta que contenían las cajas, me puso triste y melancólico pensar que ese era un futuro posible para mis libros.
Esparcirse como átomos dispersos en un desordenado universo donde nadie vela por ellos o los aprecia por su valor, no ya intelectual sino sentimental.
Cuando llegaba al coche, con el agradable peso de los libros en bolsas de plástico ajadas y el sabor del barraquito -indispensable para matar el frío mientras se ojean las capturas- disipándose en mis papilas, casi sin notarlo, me llegó el consuelo.
Quizá, dentro de muchos años espero, otro cargue por las calles el peso de mis libros para depositarlos con amor en sus estanterías.
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jueves, 16 de febrero de 2012
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Recordad Ciberiada ( y congreso de futurología y solaris y...)

La verdad es que descubrí a Lem un poco tarde y de rebote, mucho después de tratar con el buen doctor y su 'calvo amigo', como el primero llamaba cariñosamente al segundo.
Empecé leyendo, por recomendación, 'Congreso de futurología' y quizá por eso lo tengo asociado al humor, al humor en su mejor expresión, el que te hace pensar.
También cito siempre a mis conocidos por estas páginas como letras mayúsculas tipo M.,A.,F.F., ... porque el protagonista, embriagado de las drogas sociales que le proporcionaban para hacer más feliz su existencia, citaba así a sus acérrimos enemigos : en aquel momento de euforia le parecían entrañables. Como siempre con este autor, nada es lineal y luego el libro se complica mucho.
Luego vinieron Solaris y El invencible y me rendí completamente.
Por supuesto queda muy por encima de mis posibilidades hablar con justicia de estos dos libros, merecen más que una lectura y más de una lectura.
Lo mejor que puedo decir en el aniversario de la primera publicación de Lem, celebrado por Google con un doodle sobre 'Ciberiada', es el inmenso cariño que tengo por sus dos protagonistas, a los que llevo a mi mesa de noche cuando estoy un poco depre o aburrido y que recomiendo encarecidamente a las jóvenes generaciones y a todos los que no hayan tenido la suerte de leerlo.
lunes, 10 de noviembre de 2008
El invencible
Hace unos años me sentí subyugado por un futuro imposible con el maravilloso libro de Stanislav Lem 'El invencible' .
Materia inanimada que se autoorganiza hasta el punto de ser indistinguible de la vida.
Materia inanimada que se autoorganiza hasta el punto de ser indistinguible de la vida.
Situaciones al límite del futuro imaginable, escenarios rayanos en el filo del sueño tecnológico : ciencia ficción clásica.
Ahora compruebo, gracias a los fabulosos hallazgos de Fogonazos cómo estamos un paso más cerca de lo increíble.
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