
Estoy disfrutando una barbaridad con 'La partícula divina' De Leon Lederman.
Desde el principio alterna fresco humor y un acercamiento a los conceptos simple para los que no saben nada a priori e iluminador para los que hayan pasado por encima de ellos en algún momento de sus estudios. Nada que ver con
la pedantería el estilo pomposo de
Brian Green o de
Richard Dawkins - mis disculpas a sus acólitos -
Me ha recordado a la hondura de un
S. Weinberg, salpicada de las chispas de ingenio de divulgadores de la mayor talla.
No renuncia, como muchos de los libros de divulgación hacen, a poner ecuaciones y qué ecuaciones : Newton, Maxwell,¿ cómo entederíamos un libro de historia del arte sin alguna foto? Pues eso, nunca están de más. Astutamente presentadas, siempre reniega - con los deditos cruzados - de las matemáticas y trata de visualizarlas como imágenes.
El sentido del humor que destila es el que uno esperaría de un veterano que no está ya pendiente del qué dirán, doblemente difícil porque no es lo mismo ser gracioso cuando no se pueden poner caras o imitar acentos.
Un ejemplo:
'En el curioso mundo del átomo, se le da al electrón un radio nulo. ello da lugar a unos cuantos problemas obvios:
- Si el radio es cero ¿qué es lo que gira?
-¿Cómo puede tener masa?
-¿Dónde está la carga?
-Para empezar, ¿Cómo sabemos que el radio es cero?
-¿Me pueden devolver el dinero?'
Destacaría además la cualidad diferente como divulgador de Lederman respecto los socorridos clásicos
Paul Davies,
Michio Kaku, Brian Greene ... : es un físico experimental y bien que se encarga de recordárnoslo. Olvídense de Platonismos en la visión del mundo, aquí se trata de probar, ya sea robando horas al sueño hasta altas de la madrugada en el laboratorio o durmiendo en los pasillos de los aceleradores, lo que se postula desde los despachos de los teóricos.
Además no pierde ocasión para pasar una pequeña facturilla en forma de chanzas a sus colegas de bata y pizarra.
Todo un descubrimiento de libro.